Gasto energético en función de la calificación

  • Gasto energético en función de la calificación

El objetivo de la etiqueta de eficiencia energética es informar a las personas interesadas en alquilar o comprar una vivienda cuál es el nivel de consumo energético de la edificación y qué cantidad de emisiones contaminantes genera, pudiendo estimar el gasto energético. Para ello, la etiqueta cuenta con un sistema de clasificación basado en letras ordenadas alfabéticamente que va desde la G –que sería la menor eficiencia energética y el mayor nivel de emisiones- a la A –que sería la mayor eficiencia energética y el menor nivel de contaminación-.

Cómo conocer el gasto energético

Se trata de un sistema de clasificación similar al que ya se usa en otros muchos sectores, por ejemplo en los electrodomésticos, pero la falta de información ha hecho que todavía no haya la sensibilización que ya hay en otros ámbitos. La mayoría de personas que compran una lavadora o un frigorífico tienen en cuenta la clasificación energética del mismo, ya que son conscientes de que puede haber diferencias importantes en el consumo eléctrico de unos y otros. Sin embargo, en el caso de las viviendas todavía no existe mucha sensibilización al respecto, y la mayoría de personas que buscan alquilar o comprar una vivienda no lo consideran como un factor importante a la hora de decidirse entre una edificación u otra.

No obstante, lo cierto es que deberíamos hacer un esfuerzo por cambiar nuestra percepción en ese sentido. La etiqueta de eficiencia energética da una información muy valiosa sobre la vivienda, y debería tenerse en cuenta cuando compramos o alquilamos. Según los datos recogidos en más de 6.000 certificados energéticos realizados hasta ahora en nuestro país, la clasificación energética más frecuente es la letra E, que se situaría a mitad de la tabla. Una vivienda de unos 70 metros cuadrados que contase con esa calificación, gastaría de media al año 735 euros entre calefacción, refrigeración y agua caliente. Sin embargo, otra vivienda de ese mismo tamaño pero que tuviese una letra B solo gastaría de media unos 282 euros. Es decir, vivir en la vivienda con el gasto energético más alto nos costaría 453 euros más al año que vivir en la que tiene un menor consumo. Si analizamos los puestos inferiores de la tabla, los resultados son aún más llamativos: una vivienda de 70 metros cuadrados con calificación energética F tendría un gasto de 1.021 euros y una con una calificación G llegaría a los 1.535 euros. Si estamos buscando una vivienda, tener en cuenta su clasificación energética a la hora de decidirnos puede suponer un ahorro anual considerable. Optar por una vivienda que cuenta con una clasificación de A, B o C permite ahorrar al año de más de 1.300 euros respecto a otra clasificada como F o G, por lo que merece la pena tenerlo en cuenta.

Por otro lado, dentro de los distintos aparatos y sistemas que consumen energía dentro de una vivienda no todos suponen un mismo porcentaje del gasto. La calefacción es lo que más energía consume, con un 69% del total. A continuación se sitúa el agua caliente, con un 20% del gasto, y la refrigeración, con un 11%. Por ello, cuando comparemos viviendas antes de elegir con cuál de ellas nos quedamos, lo más importante a tener en cuenta dentro del consumo energético es qué sistema de calefacción posee la vivienda y cuánta energía gasta. Eso sí, estos datos están hechos en base a una media nacional, pero puede haber variaciones importantes dependiendo de la zona geográfica concreta. Por ejemplo, Castilla León y Navarra son los lugares donde más se gasta en calefacción, pero en Canarias y Andalucía el consumo es mucho menor. En estas zonas, junto con Valencia, habrá que tener en cuenta también el sistema de refrigeración de la vivienda, ya que puede suponer una parte importante del gasto.

Por otro lado, las diferencias de consumo entre las viviendas con una u otra clasificación energética también sirven para sensibilizar a los propietarios sobre las ventajas de hacer reformas que contribuyan a mejorar la clasificación. Aumentar el aislamiento o sustituir las ventanas por otras que cierren mejor, por ejemplo, son medidas sencillas que resultan baratas pero que pueden mejorar mucho la clasificación.

By | 2017-04-01T14:28:39+00:00 marzo 25th, 2014|Notícias|1 Comment

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